Nuestros Distintivos

Distintivos y Convicciones

Sometiéndonos a la Autoridad de la Escritura

Vivimos en una era que es caracterizada por el menosprecio de la autoridad y suficiencia de la Escritura. Este es el caso incluso en muchos círculos “cristianos”. El pragmatismo, la psicología “cristianizada”, el humanismo y el emocionalismo han usurpado el lugar de la Biblia en las actividades, los ministerios, la predicación y la consejería de la iglesia profesante. Es tiempo de exhortar la iglesia a regresar al libro, a estudiar la Palabra de Dios, a someter todo pensamiento humano al consejo divino que se encuentra en las páginas de la Sagrada Escritura. Es nuestra convicción que el estudio y la exposición de la Biblia debe tener el lugar de importancia principal en la asamblea corporativa del pueblo de Dios, en la vida del creyente, en la consulta de nuestros métodos evangelísticos, y en todas las actividades del ministerio. El ministerio de Cristianismo Bíblico existe para promover lo que es “bíblico”, es decir, la pura enseñanza no adulterada de la santa Escritura.

Exaltando la Gloria de Dios

Creemos que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Pero la gloria de Dios no solo consiste del fin principal del hombre, es el fin principal de todas las cosas. Es nuestra convicción que la sana doctrina siempre será Teo-céntrica (Rom. 11:36). En nuestro día, el hombre es presentado como si su felicidad fuera el fin principal de todo, y esta mentalidad humanista lamentablemente ha contaminado la predicación de la iglesia cristiana. Pero la doctrina de Dios humilla el orgullo humano y exalta la supremacía de Dios sobre todas las cosas. Todo lo demás es subordinado al propósito y a la gloria de Dios.

Magnificando la Supremacía de Cristo

El Señor Jesucristo es el gran tema de las Escrituras y el propósito por el cual todas las cosas existen (Col. 1:16-18). Nos esforzamos a mantener un enfoque Cristo-céntrico en todo lo que hacemos y enseñamos. La esencia del cristianismo bíblico es Cristo tal cual como se revela en las Escrituras. Afirmamos la majestad de Su Persona, la supremacía de Su Señorío, la perfección de Su obra, la suficiencia de Su sacrificio, y la gloria de Su reinado eterno por los siglos. Nos propusimos no saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y a este crucificado.

Promoviendo la Obra Genuina del Espíritu

El evangelio no hace avance en el mundo sino por el poder del Espíritu de Dios. Este poder solo puede ser manifestado en la vida del creyente por medio de permanecer en la verdad del evangelio, la comunión intima con el Señor, una práctica consistente de oración importuna, y una vida de santidad de conducta y corazón. Rechazamos los abusos de los círculos carismáticos y sus extremos de doctrinas y manifestaciones anti-bíblicas y lamentamos el cristianismo falso que muchos promueven, junto con sus “evangelios” falsos de prosperidad y auto-estima. Sin embargo, creemos firmemente en el poder del Espíritu y anhelamos experimentar más del derramamiento del Espíritu en nuestras vidas. Predicamos aquellas verdades que han sido usadas por Dios en la historia de la iglesia para traer despertamiento y avivamiento. Procuramos enseñar sobre la obra genuina del Espíritu, la devoción práctica y “espiritualidad Puritana”, la importancia de la oración en la vida del creyente y de informar sobre los avivamientos históricos en la historia de la iglesia a fin de despertar al pueblo de Dios a la plenitud de las bendiciones espirituales que hay en Cristo.

Centrándonos en el Evangelio

El evangelio es las buenas nuevas de lo que Dios ha hecho en la Persona y por la obra de Su Hijo Jesucristo para salvar a los pecadores miserables. Se trata de logro divino y no de desempeño humano. El evangelio es el único mensaje que nos salva de la culpabilidad y del poder del pecado. Abrazar el evangelio no es un pequeño paso que tomamos para iniciar la vida cristiana; el evangelio es el poder de Dios para salvación, tanto en cuanto a la justificación del impío como en la santificación y crecimiento del creyente. La iglesia está en el mundo para predicar y defender el verdadero evangelio, y exponer y enseñar todas sus implicaciones para el creyente. En nuestro día, el mensaje del evangelio ha sido diluido de tal manera que en muchos casos, llega a ser un “evangelio diferente” que no tiene poder para salvar. Solo el evangelio verdadero es el poder de Dios para salvación. ¡Hay que regresar al evangelio puro y no adulterado! El evangelio es el mensaje principal de este ministerio. ¡Ay de nosotros si no predicamos el evangelio!

Exponiendo la Naturaleza de la Conversión Verdadera

La conversión no es el resultado de la reforma moral o el esfuerzo humano de comportarse mejor. Ni es una decisión de “aceptar a Cristo”. Abominamos las prácticas del “decisionismo”, una filosofía que afirma que un pecador nace de nuevo por medio de tomar una decisión de aceptar la verdad acerca de Cristo intelectualmente o en un momento de ser movido por sentimientos emocionales. Bíblicamente, la regeneración no es efectuada en una persona por una decisión que toma; es un milagro del poder sobrenatural de Dios que infunde nueva vida en los que estaban muertos en sus delitos y pecados. El nuevo nacimiento resulta en una transformación radical de la persona entera, de tal manera que es hecha una nueva criatura por el poder creativo de Dios. El arrepentimiento y la fe siempre estarán en operación, instantáneamente y continuamente, en los corazones y en las vidas, de todos los que han sido regenerados por el Espíritu de Dios. La predicación del arrepentimiento en el nombre de Cristo para la remisión de los pecados es un elemento esencial del mensaje del evangelio bíblico. Sin arrepentimiento del pecado, no hay salvación del pecado. Es un error muy grave enfatizar la fe para la negación del arrepentimiento ya que los dos son aspectos esenciales del evento de la conversión. Es el deber de la iglesia enfatizar la naturaleza de la verdadera conversión a menudo en su proclamación de la Palabra de Dios.

Afirmando las 5 Solas

Creemos que las “5 Solas” son el resumen de la enseñanza bíblica de la salvación y distinguen el verdadero cristianismo bíblico de todas las falsas religiones y sectas del mundo.

(1) Sola Scriptura: Solamente la Escritura, como viene en los 66 libros de la Biblia, es la autoridad final de todas las cosas, especialmente en cuanto al camino de salvación y los asuntos de la fe.

(2) Sola Gratia: La salvación es solamente por la gracia de Dios. Esto incluye la regeneración que es una obra monergista (la obra de uno, solo de Dios), a la cual la voluntad del hombre no contribuye cosa alguna.

(3) Sola Fide: Los pecadores son declarados justos por Dios solamente por la fe, aparte de las obras.

(4) Solus Christus: Solamente Cristo ha logrado la redención y Él es el único Salvador y Mediador; solamente en Él es nuestra confianza para la salvación.

(5) Soli Deo Gloria: El propósito principal de la creación, la providencia y la redención es la gloria de Dios.

Abrazando la Teología Reformada Histórica

No somos los primeros cristianos en la historia; antes de nosotros ha habido un linaje grande de hombres piadosos que eran más sabios y santos que nosotros. La sabiduría no nació con nosotros y tampoco morirá con nosotros. En la multitud de consejeros hay victoria y seguridad. Las novedades teológicas normalmente son sinónimas con la herejía. Aunque ningún hombre o concilio eclesiástico es el estándar autoritativo de la correcta interpretación de las Escrituras, el Señor ha puesto pastores y maestros en la iglesia a lo largo de la historia que fueron extraordinariamente iluminados con discernimiento espiritual en el conocimiento de las Escrituras. El consenso de ellos define los parámetros de la ortodoxia histórica y sirve como una guía útil en nuestra interpretación de ellas. Nos identificamos con la tradición Reformada y sostenemos como la declaración sistemática de nuestra teología la Confesión de Londres de 1689 (la misma confesión de Charles Spurgeon).

Creyendo en las Doctrinas de la Gracia

Creemos en las 5 doctrinas que resumen la esencia de la diferencia entre los Reformados por un lado, y los Pelagianos y Semi-Pelagianos (Arminianos) por el otro lado.

(1) La depravación radical: El ser humano, por su caída histórica en Adán, es pecador. La corrupción del pecado ha saturado los rincones más íntimos de su corazón y naturaleza, incluso su voluntad, de tal manera que el hombre es incapaz de buscar a Dios, agradar a Dios o iniciar su propia salvación. Todo lo que hace es contaminado por el pecado, y no puede venir a Cristo para salvación a menos que la gracia soberana de Dios obre en poder para llamarlo, regenerarlo, y llevarlo a los pies de Cristo. Sin embargo, la incapacidad del pecador es principalmente moral en naturaleza, y no puede venir a Cristo porque, en primer lugar, no quiere venir a Cristo, y por lo tanto, es responsable y culpable por su falta de fe y obediencia.

(2) La elección soberana: Dios, antes de la fundación del mundo, escogió a un gran número de personas para ordenarlas de antemano para la salvación eterna, no basado en ningún mérito o por la fe que hubiera previsto en ellos, sino por el designio de Su propia voluntad, según su beneplácito, para la alabanza de la gloria de Su gracia. ¡La salvación es del Señor! Sin embargo, esto no disminuye la responsabilidad del hombre ni en lo más mínimo, ni quita la validez y la autenticidad de “causas secundarias” que son medios que Dios utiliza para llevar a cabo Su voluntad soberana.

(3) La redención particular: En los decretos eternos de Dios, el Padre, en Su amor por el Hijo, regaló al Hijo un gran número de personas que serían redimidas por Él para Su posesión especial y para la gloria eterna del Padre. En la plenitud de tiempo, el Hijo vino a la tierra y llevó a cabo la redención de este pueblo en particular para adquirirlos y llevarlos a la gloria con Él. Cristo murió con la intención específica de salvar a este pueblo. Su muerte fue una sustitución real, siendo una satisfacción penal por los pecados de Su pueblo, garantizando la salvación de ellos, y estableciendo la base de su eterna redención. Sin embargo, la expiación de Cristo también estableció la base de la oferta universal del evangelio a toda persona, para que todos los que desean ser salvos puedan tener esperanza que hay suficiente poder en la sangre para salvarlos a ellos. La expiación está limitada en su aplicación redentora, no en su poder.

(4) El llamamiento eficaz: El Espíritu Santo de Dios, durante las vidas de las personas escogidas por la gracia, las convoca poderosamente a comunión con Dios por medio de unirlos eficazmente a Cristo por fe. Todos los escogidos serán regenerados en virtud del llamamiento interno cuando abrazan el evangelio. El Espíritu Santo les aplica todos los beneficios de la obra redentora de Cristo de tal manera que no solo lo hace posible que sean salvos pero realmente los salva. Sin embargo, el llamamiento externo de la predicación del evangelio es para toda persona sin excepción alguna, ya que todos son mandados por Dios y responsables de arrepentirse y tener fe en Cristo.

(5) La preservación de los santos: Todos los que han sido escogidos, redimidos y llamados, habiendo sido salvados por la regeneración y justificación, ciertamente serán preservados y guardados por el poder de Dios de tal manera que el Señor mismo asegura que ellos perseverarán en la fe, la obediencia y la santidad hasta el fin. Aunque es posible que el creyente verdadero caiga en pecado por un tiempo, y por consiguiente, bajo el santo desagrado y la disciplina de su Padre celestial, no puede apostatarse totalmente ni finalmente de la fe. Sin embargo, esto no niega la realidad de profesiones falsas y de falsos conversos que, aunque parecen ser cristianos verdaderos por un tiempo, demuestran finalmente que no habían nacido del Espíritu por medio de su rebeldía al apartarse de la fe.

Aclaración: Además de abrazar las Doctrinas de la Gracia, aborrecemos el híper-calvinismo. Dios es 100% soberano en la salvación del hombre, y el hombre es 100% responsable para esforzarse para entrar por la puerta estrecha y obedecer a Dios. Esta verdad es una paradoja, pero no es una contradicción. La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre son dos verdades que se complementan mutualmente en armonía perfecta. Afirmarlas nos guarda de la herejía del Pelagianismo por un lado, y del híper-calvinismo por el otro lado. El Calvinismo histórico afirma la plena responsabilidad del hombre en la salvación al afirmar que la salvación es totalmente por la gracia.

Profundizando en la Doctrina

Reconocemos la crisis que existe en nuestro día de la falta de profundidad teológica en la predicación. Esto tiene graves consecuencias prácticas en la vida de la iglesia y sus ministerios. El pragmatismo ha usurpado el lugar de la profundidad doctrinal en muchos círculos cristianos. Bíblicamente, la práctica no debe determinar nuestra doctrina, es la doctrina que debe gobernar y determinar nuestra práctica. Muchos pastores, maestros y creyentes comunes son ignorantes de las doctrinas más fundamentales del cristianismo, tal como los temas básicos que se tratan en cualquier tomo sano de la Teología Bíblica y Teología Sistemática. Esto es especialmente el caso en Latino América y en países del tercer mundo. Un aspecto esencial de nuestro ministerio es el esfuerzo de llevar la enseñanza teológica con profundidad a la persona común, de tal manera que sea accesible para todos los que desean estudiar y profundizar en la Palabra de Dios.

Basándonos de la Iglesia Local

La Gran Comisión es una comisión de edificar la iglesia de Cristo en la tierra. La iglesia universal se manifiesta en iglesias locales, y es un mandato de Dios que todo creyente que tiene los medios posibles de estar en una iglesia bíblica se congregue fielmente. Además, Cristo, siendo la única cabeza de la iglesia, ha delegado Su autoridad por medio de Su Palabra a Su iglesia. Por lo tanto, nuestra misión se centra en la iglesia local, para someternos a su autoridad, para tener plena comunión con ella, para edificarla, y para plantar nuevas iglesias que son gobernadas por la Palabra y el Espíritu de Dios de acuerdo a Su Palabra. ¡Amamos la iglesia de Dios!

Empujando la Urgencia de la Gran Comisión

La sana teología, abrazada verdaderamente, nos lleva a la doxología. La visión que nos revela de la gloria de Dios nos lleva a exclamar, “Señor, heme aquí, ¡envíame a mí!” El conocimiento verdadero de Dios nos imparte algo del corazón de Cristo por los perdidos, y nos lleva a alcanzar un mundo perdido con urgencia y pasión. El verdadero conocimiento de Dios quebranta nuestros corazones por la condición del mundo perdido y nos empuja con urgencia a hacer todo lo posible para alcanzarlo con el evangelio. Dios no necesita los trucos humanos para poder avanzar Su Reino; el único método bíblico de divulgar en el evangelio es la proclamación del evangelio en el poder del Espíritu Santo. El ministerio de “Cristianismo Bíblico” existe para divulgar el evangelio bíblico en el mundo, con el propósito de hacer todo lo posible para contribuir al cumplimiento de la Gran Comisión de nuestro Señor Jesucristo.