El Orgullo Espiritual (1 Co 1.10-13)

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Expositor: Josef Urban  /  Texto: 1 Co 1:10-13 /  Tema: El Orgullo Espiritual /  Fecha: Octubre 2013

1 Corintios 1:10-13. En esta exposición Josef Urban nos va hablar sobre el orgullo espiritual.


El Orgullo Espiritual

 

Quiero compartir una palabra sobre un tema en particular, creo que esto es muy importante, y para esto quiero que vayamos a 1 Corintios capítulo 1, y debo decir que estas últimas dos semana he estado estudiando 1 y 2  de Corintios y algo que he notado aquí en estos libros es que hubo algo entre la iglesia de Corinto que realmente estaba afectando la salud de la iglesia y la comunión que tenían unos con otros en la iglesia y yo no digo esto para señalar algo aquí, porque realmente esto es algo de que todos nosotros inclusive yo incluido aquí somos culpables, esto es algo con lo que todos tenemos que luchar y batallar tarde o temprano, esto es algo de lo que tenemos que cuidarnos constantemente como hijos de Dios; vamos a leer un pasaje de 1 corintios, y cabe señalar que no voy a dar una posición de estos versículos pero quiero señalar una verdad que se encuentra aquí en estos versículos y luego expandir el tema, así que veamos lo que dice nuestro pasaje:

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Corintios 1:10-13).

El Contexto de la Iglesia en Corinto

Lo que estaba pasando aquí en la Iglesia de Corinto es que algunos tenían orgullo sobre otras personas, en este caso en particular, lo que el apóstol está señalando aquí en el capítulo 1, es que algunos decían que eran de Pablo y otro de Cefas y otro de Cristo, ¿Eso no suena tan mal verdad? los que decían “Yo soy de Cristo”.

Pero la primera cosa que dice Pablo en el versículo 13 es ¿Acaso está dividido Cristo? es decir que Pablo, Cefas y Apolos son solo siervos de Cristo y ellos mismos no están divididos de Cristo y por lo tanto si uno dice si es de Cristo, y por lo tanto no son de Apolos ni de Cefas ni de Pablo, ni de los otros apóstoles, entonces está dividiendo a Cristo mismo porque son parte del cuerpo de Cristo. En otras palabras que este orgullo espiritual que tenían los Corintios puede ser tan sutil, puede ser tan engañoso, que en el nombre de Cristo, en el nombre de ser de Cristo, en el nombre de promulgar la verdad de Cristo, uno puede estar envaneciéndose de orgullo contra Cristo mismo.

El problema que hubo en la Iglesia de Corinto era el problema del orgullo espiritual, ahora ellos estaban hablando de sus predicadores favoritos. Y quizá a veces lo hacemos nosotros cuando llegamos a la reunión de la iglesia y nos preguntamos quien va predicar ese día, y a veces pensamos que si no va a predicar tal y tal entonces no voy ese día, pero ¿Qué es eso?, acaso ¿asistimos a la reunión de la Iglesia para escuchar a un hombre, o para escuchar la Palabra de Dios?.

Hay tantas maneras y tantas manifestaciones de este orgullo espiritual por lo tanto quiero exponer algunas de sus características; ahora, puede ser hacia un predicador, u otras veces puede ser un movimiento o una teología en particular; puede ser en nuestro evangelísmo, puede ser en nuestra piedad personal, pensando o diciendo cosas como: —”Bueno, pues yo no peco tanto como aquel”, 0 —”Yo paso más tiempo orando que tal y tal hermano”, es que yo sé que ese hermano tiene muchos errores doctrinales y nosotros sabemos mejor, y a veces en el nombre de tener celo por la verdad, celo por Cefas o Pablo o Cristo, celo por su doctrina o celo por la teología, celo por las cosas del Señor. Es ahí donde es probable que caigamos en algún tipo de orgullo espiritual, y para clarificar esto necesitamos responder a la siguiente pregunta ¿Qué es el orgullo espiritual?, Si vamos a romanos 12, en el versículo 3 el apóstol aquí define el orgullo:

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:3-5).

Suena muy semejante a lo que el apóstol le dice a los Corintios, pero define el orgullo que es cuando tenemos un concepto más alto de nosotros mismos que el que debemos tener, es cuando yo pienso que soy más importante de lo que realmente soy en los ojos de Dios. Es decir un concepto más alto, ahora si pensamos en el orgullo de esta manera vemos que es algo sumamente engañoso o sea que si tengo un concepto más alto de mi mismo que el que debo tener, entonces ¿Cómo puedo saber que lo tengo?, porque el hecho de saber que tengo un concepto más alto de mi mismo que el que debo tener, quiere decir que realmente pienso que el concepto que tengo de mi mismo es correcto, es decir la misma naturaleza del orgullo es uno de engaño. Los que son orgullosos no lo saben, no se dan cuenta, es algo tan sutil y por lo tanto esto es algo que Dios mismo tiene que exponer en nosotros, el orgullo a veces es algo que todos los demás pueden ver en nosotros, todos los demás pueden reconocerlo pero nosotros mismos no podemos verlo, uno mismo no se da cuenta pero todos los demás sí, pero todos los demás que se dan cuenta del orgullo de él , no se dan cuenta del orgullo de sí mismos, tan sutil, tan engañoso. Ahora, no quiero hablar del orgullo típico, eso es un gran tema pero quiero más bien hablar de un tipo de orgullo en especial y ese es el orgullo espiritual,  y ¿por qué digo el orgullo espiritual?

¿Por qué digo el Orgullo Espiritual?

Bueno en primer lugar porque hay una historia de esa frase, históricamente los predicadores y teólogos han utilizado esta frase, entonces no la inventé, pero al decir orgullo espiritual me refiero no al orgullo típico o normal en las cosas normales sino al orgullo en las cosas espirituales, el orgullo en las cosas de Dios. En 1 Corintios 1 por ejemplo, el orgullo que los Corintios tenían era orgullo en la predicación de la Palabra de Dios, ¡Cuan engañoso puede ser! Tener orgullo abominable delante de Dios, en la misma predicación y enseñanza de la Palabra de Dios.

Y luego si estudiamos el libro de 1 Corintios vemos que tenían orgullo en sus dones espirituales, tenían orgullo en su conocimiento, algunos comían comida ofrecida a ídolos y no les importaba si eso ofendía a otros hermanos que tenían conciencias débiles porque los hermanos que las comían tenían conocimiento de que “un ídolo nada es” por lo tanto puede comerlo sin pecar, pero por medio de su conocimiento, se envanecieron y no andaban en amor, sino que andaban en orgullo en el nombre de conocimiento bíblico correcto y verdadero y hay ejemplo tras ejemplo de eso en 1 y 2 de Corintios.

Pero si estudiamos especialmente 1 Corintios, nos damos cuenta que la gran mayoría de los casos de orgullo manifestado en la iglesia de Corinto era orgullo en las cosas de Dios. Y ese es el engaño, porque el orgullo típico puede ser tener el orgullo en cualquier cosa sin sentido, como que una persona tiene ojos más bonitos que otra persona o atributos físicos, es decir cosas típicas o naturales. Pero el orgullo espiritual tiene que ver con cosas espirituales, como con logros espirituales. El orgullo típico normalmente tiene que ver con cosas carnales, pero el orgullo espiritual, tiene que ver con la espiritualidad de uno. El orgullo típico normalmente tiene que ver con cosas naturales o incluso pecaminosas, es jactancia en carnalidad, por ejemplo uno es orgulloso porque tiene más dinero, más recursos financieros, pero el orgullo espiritual, tiene que ver con tener orgullo en cosas virtuosas.

El ministerio de Cefas por ejemplo ¿Será eso una cosas pecaminosa o una cosa virtuosa? su predicación su enseñanza su doctrina, su teología. También Pablo, también Apolos. A veces el que tiene orgullo en lo típico tiene orgullo porque tiene una mejor economía terrenal, pero el que tiene orgullo espiritual, es orgullo porque piensa que tiene más amor que otro, o tiene más gozo, tiene más algún tipo de fruto del Espíritu, o algún otro privilegio espiritual. El orgullo típico puede ser por ejemplo porque se jacta de tener una mejor educación que los demás. El orgullo espiritual, a veces tiene que ver con que tiene una educación bíblica, más conocimiento de la Biblia que los demás.

Ahora es bueno conocer la Biblia pero a veces cuando uno tiene orgullo en la misma cosa virtuosa eso puede llegar a ser su destrucción. Otro ejemplo del orgullo típico puede tener algo que ver con que alguien tenga una manera de hablar más elocuente que los demás. El orgullo espiritual tiene que ver más bien con que uno sea orgulloso porque evangeliza mejor que los demás u ora más elocuentemente que los demás en la reunión de oración. El orgullo típico, tiene que ver a veces con tener una posición más alta en el mundo, el orgullo espiritual puede venir por querer tener o aún ya tener una posición más alta en la Iglesia. Y  veces, no tiene nada que ver con tener un posición más alta en la Iglesia, sino que a veces el orgulloso tiene celos de alguien porque tiene una posición más alta en la Iglesia que él.

El Orgullo Típico y el Orgullo Espiritual

El orgullo típico, tiene que ver a veces más con tener más habilidades naturales que los demás, el orgullo espiritual a menudo tiene que ver con que uno tiene más dones espirituales que los demás. Lo vemos en 1 Corintios 12, lo vemos claramente, también en Romanos 12. Entonces si pensamos en el orgullo, el mundo está lleno de orgullo pero también a veces la Iglesia está llena de orgullo. Y en este sentido si pensamos en el orgullo espiritual, es decir la soberbia espiritual, en ese sentido el lugar más peligroso para nosotros es el lugar donde tenemos más tentación para poner nuestra supuesta superioridad espiritual en exhibición para la admiración de los demás.

Por ejemplo, en el grupo de Estudio bíblico, uno tiene la oportunidad de poner en exhibición su conocimiento bíblico. Ahora es bueno hablar de la Biblia, es bueno conocer la Biblia, porque si no conocemos la Palabra de Dios pues entonces estamos condenados, sin embargo a veces esta puede ser una trampa del diablo y hay un peligro. Otra de ellas es la reunión de oración, donde podemos demostrar que oramos con mayor fervor que los demás, con más palabras elocuentes, o con más fe, así tal cual como los hipócritas en las esquinas de las calles hace dos mil años.

Otras veces en el mismo ministerio a los que tienen necesidad física, de ayudarlos o de apoyarlos a veces puede ser motivo de orgullo para algunos. Por eso dijo el Señor que cuando damos, no debemos dejar que nuestra izquierda sepa lo que hace nuestra mano derecha, en ese sentido el lugar donde estoy ahorita es el lugar más peligroso de todo el mundo; el púlpito, el lugar de predicación en la Iglesia por eso dice 1 Timoteo 3, que no se deben ordenar “neofitos” a enseñar en la congregación, ni mucho menos como pastores ¿Por qué?, porque hay esa gran, gran tentación de orgullo, como el predicador Spurgeon decía cuando había personas que se le acercaban después de que predicaba diciendo: —”Es es el mejor sermón que he escuchado en toda mi vida” (la gente felicitándole) entonces él (Spurgeon) les decía: —”Pues gracias pero el diablo ya me lo dijo”. Pero cuantos de los poderosos en verdad han caído en esta trampa del diablo, el orgullo espiritual.

Leí la historia de un predicador que fue a Oxford. La gran universidad en Inglaterra hace muchos años. Y predicó un sermón sobre la humildad, y luego se fue gozoso lleno de orgullo porque había predicado un sermón tan bueno. Así es el engaño de esto y este es el peligro del orgullo espiritual. Normalmente el pecado en sus diferentes formas y manifestaciones es obvio, pero el orgullo espiritual se esconde detrás de nuestras mejores buenas obras y de hecho se alimenta por nuestros servicio en las cosas de Dios. Normalmente el pecado te ataca cuando eres más débil, es en tu momento más débil donde tienes tentación. No has estado en la palabra, no has estado en la oración, no te has fortalecido espiritualmente, no has estado caminando o andando en el Espíritu y eres muy débil,  el diablo viene, te ataca, te tienta y ¡caes! El orgullo espiritual hace lo contrario, te ataca cuando eres más fuerte en las cosas de Dios, cuando te sientes más fortalecido, cuando has tenido tus mejores victorias, tus victorias más grandes y gloriosas en el reino de Dios, en el servicio de Dios, cuando piensas estar más fuerte, el diablo viene e introduce este orgullo en el corazón para infundirte con su veneno mortal, y esto es el peligro de este pecado en particular. El orgullo espiritual típicamente resulta en exaltar el conocimiento de la teología sobre el conocimiento de Cristo. Resulta en creer que es más importante conocer la Biblia, que conocer el Dios de la Biblia. Resulta en creer que es más importante dominar la Biblia que ser dominado por la Biblia. Resulta en dar más importancia a la elocuencia de la oración que la eficacia de la oración, y muchas más características.

Varias Características en Particular del Orgullo Espiritual

Vamos a hablar de eso, quiero hablar de varias características en particular del orgullo espiritual. Y así podemos exponerlo en nosotros mismo, identificarlo en nuestras vidas. Es exponer este monstruo a la luz de la santidad, es a la luz de su revelación con el fin de humillarnos y desarraigarlo de nuestros corazones. Y el que dice que jamás cae en esto, que jamás ha pecado en esta manera, es el que precisamente lo hace más que nadie. El predicador del pasado Jonathan Edwards, escribió sobre el orgullo espiritual y dice que el orgullo espiritual es el enemigo más grande de los avivamientos. Dice que es el pecado más grande típicamente de los nuevos conversos también. Y habla de que a menudo cuando hay derramamientos grandes del Espíritu y conversiones en grande, en muchas iglesias, mayormente en iglesias grandes en iglesias muertas. Y el Señor salva a una o unas personas ahí él dice, típicamente lo que pasa, es que el nuevo convertido lleno de amor por el Señor con celo por el Señor, quiere servir al Señor e inmediatamente se da cuenta de que los otros están muertos o por lo menos tibios. Y sirve al Señor y anda en Santidad, es muy celoso para predicar, evangelizar y todo lo demás y luego los miembros carnales de la iglesia junto los que no conocen al Señor, empiezan a sentirse ofendidos porque la santidad del Señor en la vida del nuevo convertido se refleja en el pecado de los carnales y (los que no conocen al Señor pero dicen ser cristianos), se sienten ofendidos. Entonces lo que empiezan a hacer es atacar al nuevo convertido y denunciarlo, decir que es muy orgulloso y decir que reprende el pecado y los reprende y tiene tanto celo simplemente porque está lleno de orgullo y luego a través del tiempo el nuevo convertido empieza a endurecerse contra esas reprensiones. Porque ve las vidas de las personas que los reprenden y dicen cosas como:—”Pues no viven para el Señor, ¿Quiénes son ellos para reprenderme, ellos no tienen ningún derecho alguno de reprenderme” y luego en el nombre de pensar que ellos han sido engañados (que es cierto han sido engañados), pero se endurece contra esta cosa en particular y se llenan de orgullo espiritual. ¡Hermanos, esto ha pasado con algunos de nosotros! en una iglesia muerta, o en una iglesia con mala doctrina el Señor te despertó, el Señor te salvó y comenzaste a compartir la Palabra y ser celoso por la Palabra y ¿Qué te dijeron?, no juzguéis y si juzgas entonces tu estás lleno de orgullo y estás mal, y todo lo demás y ¿Qué hicimos? Pues algunos de nosotros nos endurecimos contra eso y en el nombre de pensar de que ellos están endurecidos, nos justificamos a nosotros mismos en eso de juzgar a los demás severamente o tener mucho celo sin amor por las cosas del Señor. Es decir, que es una trampa tan sutil que por medio de distorsionar las cosas tan grandemente, hacen que muchos caigan, eso es lo que dice Jonathan Edwards, con algunos comentarios míos.

Una característica del orgullo espiritual es esto, es que el que comúnmente va disfrazado como celo por el Señor y ahora hablando de celo genuino del Señor o por el Señor, jamás podemos tener demasiado. Es decir, ser demasiado celoso por el amor verdadero de Dios, por buenas obras, por la palabra de Dios. Como fienees en el Antiguo Testamento que mató a los impíos, acabó con el pecado en medio del campamento y los salvo de la ira de Dios en ese sentido. Y vemos que lo que hizo fue una virtud, el celo genuino del Señor en él, y pues ¿a quién le gustaría apagar eso? necesitamos más, necesitamos conocer al Señor.

Los que no tienen celo por el Señor son tibios, dice en Tito: “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). Debemos estar llenos, muy llenos de celo, ardiendo con celo, como dice la Escritura “Fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” en Apocalipsis 3 dice lo siguiente: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). Esto se lo dice el Señor a la Iglesia tibia, dice el Señor, sé celoso, el celo genuino para el Señor está motivado por el amor al Señor, el celo por la gloria del Señor, algo en que debemos estar ardiendo bíblicamente.

Pero muchas veces confundimos ese celo puro, santo, ese celo que debe ser en humildad y amor por el Señor. Lo confundimos por el celo orgulloso. Dice Pablo hablando de su vida pasada: “y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gálatas 1:14). Y Pablo pensaba que lo hacía por el Señor. El Señor Jesucristo dice a los fariseos y escribas: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15). Con tanto celo, con tanto deseo misionero de servir al Señor de evangelizar, de predicar el evangelio, de alcanzar al mundo, de divulgar la Palabra de Dios, era un celo de puro orgullo y soberbia, que hacia realmente hijos del infierno. Este tipo de celo no es un fruto del Espíritu sino que es un fruto de la carne.

Algunas de las personas “cristianas” más celosas por las cosas del Señor que he visto en toda mi vida, ahora están en los errores más grandes que he visto en toda mi vida. Algunos de los que conocía que eran más celosos por las cosas del Señor, más celosos para pararse en la calles, con lagrimas, en angustia predicaron el evangelio y rogarles a los pecadores a que se arrepientan de corazón; ahora están en los errores más grandes, y uno de ellos, terminó como un ateo. ¿Pero qué es eso? ¿Qué pasó con el celo de ese supuesto hermano?, no fue un celo genuino del espíritu de Dios sino, que fue la obra de la carne que él mismo despertó. A veces las personas hacen esto en el nombre de ser radicales por Cristo o de querer hacer más cosas celosas, más buenas obras, más cosas buenas por el Señor que los demás, motivados por este orgullo y eso es una abominación a Dios.

El Fruto más Grande es la Humildad

El fruto más grande y más importante de la verdadera obra genuina de la gracia de Dios obrando en nosotros, no es el celo sino la humildad. Así como dice J.C. Ryle, “que en un nuevo convertido, su evidencia y fruto más grande es la humildad” y lo hemos visto, supuestos humanos que se convierten, son personas que son como la semilla que cayó sobre los pedregales y de repente creció, pareció ser muy grande y muy impresionante y luego de repente caen con la misma rapidez con la que crecieron. Tanto celo que se acabó en un momento.

Pero a veces hay otro que recibe la palabra del Señor, se humilla y hay una obra de gracia y de regeneración. Pero no hay tanto celo manifestado abiertamente por el Señor y por las cosas del Señor pero da fruto con perseverancia y demuestra ser un hijo verdadero de Dios. No estando el celo sino la humildad, eso es lo importante. Así como dice Santiago: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Uno ni puede recibir la gracia salvadora de Dios a menos que se humille bajo la mano poderosa de Dios.

Andrew Murray que escribió un libro sobre la humildad dijo, “que la gracia de Dios es como el agua”. Así como cuando uno derrama agua sobre la tierra, el agua va a los lugares más bajos de la tierra, busca el punto más bajo y fluye ahí. Y así es la gracia de Dios, la gracia de Dios fluye hacia el punto más bajo. Tenemos que humillarnos y así conoceremos la gracia de Dios y también el fruto de la gracia de Dios obrando en nuestras vidas, es la humildad.

Así como dijo el profeta Isaías: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, (y cuando dice santidad aquí quiere decir como “apartado”, totalmente apartado, lejísimos de la humanidad, habla de la trascendencia de Dios, pero continúa diciendo) y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

¿Es impresionante no? el Dios alto y sublime, todo poderoso, glorioso, omnipresente. Este gran Dios habita con los quebrantados, con los más humillados, con los que están más bajos que todos los demás. Así obra el Señor. En Mateo 5, en las bienaventuranzas describen la esencia y el corazón de la humildad genuina. La verdadera gracia de Dios cuando obra en nosotros produce estas características en nosotros y dice bienaventurados los pobres en Espíritu. No los ricos en espíritu sino los pobres en espíritu. Los Corintios pensaban que eran muy ricos en espíritu, muy llenos de las cosas de Dios. También la iglesia en la Odisea en Apocalipsis 3 que según no tenían necesidad de nada decían, y eran pobres, desnudos.

Bienaventurados los pobres en espíritu. Tenían que reconocer que no somos ni tenemos nada por nosotros mismos, que no tenemos por naturaleza riqueza espiritual alguna, ni virtud alguna, sino reconocer nuestra bancarrota espiritual y que todo de todo tenemos necesidad de Dios, de todo dependemos de Dios. De que Él es nuestro Padre, Él es nuestro Creador, proveedor, que todo lo bueno, todo lo virtuoso, toda la gracia, todo lo bueno que aún conocemos y experimentamos viene de su mano como el Padre de las luces. Toda buena dádiva viene de Él , todo entendimiento correcto, viene de Él, toda virtud viene de Él, todo fruto del Espíritu viene de Él, toda santidad que aún conocemos viene de Él, todo viene de Él. Es para su gloria y no para la nuestra. Nosotros no tenemos nada, somos nada delante de este gran y poderoso Dios.

Es ser pobre en el espíritu, es la primera cosa que Dios el Espíritu Santo obra en el corazón de un nuevo convertido. Le muestra su pecaminosidad, le muestra su bancarrota espiritual, le muestra que necesita a Dios.  Y dice que son bienaventurados los que lloran ¿Los que lloran de qué? acaso ¿Los que lloran solamente por llorar? No hay ninguna virtud en llorar literalmente sobre nada si no hay motivo de llorar. Eso se llama la depresión y eso no es una virtud, incluso puede ser pecaminosa. Sino a los que llama “bienaventurados los que lloran” son los que tienen una sensibilidad al pecado. Que reconocen su bancarrota espiritual y por lo tanto lamentan su caso, lamentan su propio corazón, lamentan su falta de amor por el Señor, su falta de todo lo que es. Llora sobre su propio pecado, llora sobre el pecado de los demás como Lot en Sodoma, constantemente afligido en su alma, en su espíritu, en su corazón por la impiedad de los demás. Llorar, y dice también en Mateo 5: “Bienaventurados los mansos” es decir los humildes, que por su humildad, por la gracia de la obra de Dios en ellos andan en dominio propio. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, ¿Por qué tendríamos hambre y sed de justicia? Porque reconocemos que no estamos llenos de justicia, los que tienen hambre son los que están vacíos. Por naturaleza así somos, estas bienaventuranzas podemos resumirlas todas por decir “bienaventurados los que dependen de Dios” Es depender de Dios y es reconocer nuestra dependencia no parcial sino total de Dios. Los que son mas benditos delante de Dios son los que más reconocen su dependencia de Él.

Pero yo no veo en estas bienaventuranzas que el Señor hable de celo, no dice “Bienaventurados los celosos por Jehová” Ahora, el celo genuino es una virtud pero no habla de eso. Porque los que realmente tienen estas características en sus vidas, van a ser celosos por el Señor, van a amar al Señor, van servir al Señor, van a luchar por el reino de Dios. Un celo con valor, dependiendo de Dios, reconociendo que ganar la batalla no es de ellos sino del Señor.

Varias Características en Particular del Orgullo Espiritual

Pero el orgullo espiritual muchas veces da más importancia a cosas externas, a celo externos por el Señor en vez de los frutos internos del Espíritu de Dios como la humildad, también el orgullo espiritual resulta en dar crédito a los hombres por las misericordias de Dios y la gracia del Señor.

En 1 Corintios 4, vemos un ejemplo de esto: “Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis…” (1 Corintios 4:6-8).

Estaban atribuyendo los dones espirituales que Apolos y Pablo tenían a Apolos y Pablo y no a Dios. Y también las cosas que ellos mismos tenían en vez de darle a Dios toda la gloria por lo que tenían ellos. Ellos mismos daban el crédito a sí mismos. Por eso Pablo dice ¿Qué tienes que no hayas recibido? Porque no reconocían que todo lo bueno lo habían recibido de Dios. Hay un ejemplo de esto en 2 Crónicas 26. El pasaje en este capítulo está hablando del rey Uzías. Era un rey justo, un rey que amaba al Señor, un rey que andaba en justicia y que obedecía los mandatos del Señor y sin embargo, después de hablar de todas sus victorias y todo lo bueno acerca de él y todo lo que hacía, es impresionante la grandeza de este rey, dice en versículo 15:

“E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso” (2 Crónicas 26:15).

La pregunta aquí es ¿Por qué habla en la voz pasiva cuando dice que fue “ayudado” hasta hacerse poderoso ? porque ¿Quién lo hizo poderoso? ¡Fue el Señor, Él le dio sabiduría, el Señor le dio fuerza, el Señor le dio fama, el Señor le dio muchas cosas, él fue ayudado. El Señor lo amaba y el Señor derramó muchos privilegio y muchas misericordias sobre el rey Uzías, y no para la gloria de él sino para la gloria del nombre de Dios, sin embargo dice luego en el versículo 16:

“Más cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra” (2 Crónicas 26:16-21).

Se enalteció y se llenó de orgullo y en este caso fue un tipo de orgullo espiritual por las victorias que había recibido. Por la sabiduría que el Señor le había dado, ¿Qué quiso hacer? Quiso hacerse sacerdote. Era un rey, no le correspondía lo de la obra de un sacerdote pero, entró en el templo del Señor, ofreció incienso, el Señor no lo aceptó y el Señor lo disciplinó; eso fue el amor de Dios que le pegó con la lepra a disciplinarlo y excluirlo por el resto de su vida. Pero el punto aquí es que él se atribuyó a sí mismo, el crédito de los que el Señor había hecho en su vida, de lo que el Señor le había dado.

Otra característica del orgullo espiritual es que resulta de que uno ejerza severidad en sus juicios de los demás pero tiene mucha misericordia en sus juicios sobre sí mismo. Es decir, que al juzgar a los demás lo hace muy severamente exponiendo sus pecados con reprensiones fuertes y todo lo demás, pero cuando se juzga así mismo no se da cuenta de ningún pecado, de ninguna falla, no se humilla por sus propias cosas. Cuando hay un hermano que ama la controversia que busca la controversia, que busca siempre estar señalando lo equivocado, lo pecaminoso y las fallas de todos los demás, puedes estar seguro de que hay algo de orgullo espiritual obrando

Dice Santiago 4: “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:10-12).

Y luego en 5:9, Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. (Santiago 5:9). “El juez”, hay uno que tiene el oficio de juez y a Él corresponde el trabajo de juzgar los secretos y los motivos de todos los hombres y de todos los cristianos y de todos los hijos de Dios. Y así como no le corresponde a Uzías ofrecer incienso al Señor digo, no te corresponde a ti juzgar todos los motivos secretos de los corazones de tus hermanos en el Señor. Podemos reconocer el árbol por su fruto, debemos juzgar con juicio correcto y justo dice la palabra de Dios. Debemos juzgar a los que están en la iglesia incluso. Eso nos lo dice en 1 Corintios 5, pero cuando habla de eso está hablando de un fornicario, de un avaro, de un borracho, de un ladrón, de alguien que está pecando abiertamente quebrantando los mandatos claros del Señor. Y debemos juzgar no en el sentido de declarar el destino de su alama eterna como si fuéramos Dios, sino más bien de confrontarlo con su pecado con la Palabra de Dios con misericordia, amor, humildad y firmeza. Hablando la verdad en amor y confrontarlo con la Escritura para llamarlo al arrepentimiento. Pero no debemos juzgar a todas la acciones y todo los motivos y todas las intenciones y todos los corazones de todos los hermanos de la iglesia, porque si hacemos eso, entonces esto te destruirá, eso robará tu gozo en servir al Señor, no tendrás gozo si siempre estás haciendo eso, no puedes tener gozo, eso te robará de tener paz, eso te robará de todo y caerás en un fariseísmo miserable.

Dice en 1 Corintios 11: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” (1 Corintios 11:31). La Biblia de las Américas dice: Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” (1 Corintios 11:31 LBA).

Y eso es más preciso conforme al texto griego. Es la misma Palabra que quiere decir juzgar. Lo que está diciendo que debemos juzgarnos a nosotros mismos, yo debo juzgarme a mí mismo más de lo que te juzgo a ti, a fin de no ser condenado ¿Qué estaban haciendo los Corintios? todos estaban juzgando a los otros, habían divisiones carnales en la iglesia, tantas cosas en la iglesia. Pero cada uno no estaba reconociendo su propio pecado, sus propias fallas, sus propias maldades delante del Señor, cuando dice: “Si nos juzgáramos a nosotros mismos no seríamos juzgados” Lo que está diciendo es que debemos enfocarnos en nuestros propios pecados, más de lo que nos enfocamos en los pecados de los demás. Debemos velar sobre nuestros propios corazones más que en los corazones de los demás. Debemos ser estrictos de nuestros juicios sobre sí mismos, de lo que soy, en vez de juzgar a los demás. Estricto en los juicios de mí mismo, pero misericordioso en mis juicios sobre los demás.

Porque ¿Qué hacían los fariseos? andaban mirando a mujeres con lujuria y juzgando fuertemente a los que cometían adulterio como la mujer adultera en Juan 7 y ¿Qué hicieron los Fariseos? quieren condenarla, cuando ellos mismo se divorcian de sus esposas para casarse con otras. Cuando ellos mismos están andando mirando con lujuria todo el tiempo son ¡Severos y estrictos con sus juicios sobre los demás y muy misericordiosos consigo mismos.

Así hace el orgullo espiritual por eso dice en Gálatas 6: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales…, (Yo pienso que cuando dice “vosotros que sois espirituales” está hablando con un tipo de sarcasmo ya que los hermanos de Galacia se creían muy espirituales, muy santos, muy justos, porque empezaban a obedecer y a guardar la ley Mosaica. Y que los que no guardaban la ley así, no eran tan espirituales como ellos, por eso Pablo les dice “Vosotros que sois espirituales) “restauradle con espíritu de mansedumbre” (es decir que si realmente fueran espirituales como dicen, no andarían en tanto orgullo espiritual, restaurarían al hermano caído con mansedumbre, en vez de señalar y condenar haciendo lo opuesto) considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, (Es decir cada uno consigo mismo) y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6:1-5).

¿Qué estaban haciendo los Gálatas? estaban juzgándose unos a otros, estaban señalándose el pecado unos a otros, se estaban condenando unos a otros, y dice que “cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá motivo de gloriarse solo respecto de sí mismo y no en otro”. Es decir que se estaban gloriando en que una persona no era tan pecaminosa como aquella, señalando las fallas de otro, señalando la falta de entendimiento de los demás, señalando a todos los demás y cada uno diciendo de sí mismos: —”yo no peco como aquel, ni quebranto la ley con él y mucho menos desobedezco los mandamientos de Dios como él” y ¿Qué es todo eso? acaso será espiritualidad? ¡No! sino que es ¡Pura carnalidad! es una obra de la carne.

Entonces Pablo les dice que se sometan a sí mismos a prueba, que se examinen así mismos, que se juzguen a sí mismos y se condenen así mismos por su propio pecado. Y si realmente eres santo pues entonces tendrás motivo de gloriarte en la verdad en ti mismo delante de Dios y no en eso de denunciar a los demás. Y ¿No es cierto que somos propensos a caer en esto?  inclusive diciendo cosas como —”Nosotros somos una iglesia bíblica”, “nosotros creemos en las doctrinas de la gracia” y ellos no, cuando realmente toda la palabra de Dios enseña las doctrinas de la gracia y no es nada que nos hace mejor que los demás. El Señor nos permite por Su misericordia ver estas gloriosas doctrinas en Su Palabra. Pero qué pasa si el hermano pentecostal que no tiene buena doctrina, que tiene muchas equivocaciones teológicas, pero anda en una humildad y un amor genuino y verdadero por Cristo y es más semejante Cristo que tu con toda tu doctrina correcta.

Porque a veces esto de que tenemos buena doctrina, o somos una iglesia bíblica, o nosotros no permitimos esto o aquello, puede ser jactancia carnal en vez de gloriarnos solo en la cruz de Cristo. Dice en Mateo 7:1: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”, (y yo sé hermanos, que hemos escuchando esto y lo hemos escuchado de manera distorsionada y torcida totalmente, cuando estamos en las calles predicando) y citamos 1 Corintios 6:9-10 que dice “que los que practican el pecado no heredarán el reino de Dios” y la gente dice —”Pues no me juzgues” torciendo la palabras de Dios para su condenación, pero eso no nos da la justificación de ignorar este mandato del Señor Jesucristo que dice, “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2). Esto yo lo he visto, si caigo en un tipo de criticar y criticar y solo criticar entonces ¿Qué pasa? los demás empiezan a criticarme a criticarme y a criticarme. La persona que es más crítica, es más criticada que todas las otras personas, es una ley de Dios. Como dice aquí que con la medida con que medís os será medido.

Si andas juzgando todas las intenciones de todos los corazones de todos los demás que no puedes ver, que no puedes conocer, que no eres Dios como para ser omnisciente como para hacer saber lo que hacen y por qué los demás lo hacen y cosas así, entonces los demás van a empezar a hacerlo contigo. Dice: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:3-5).

Si un hermano tiene paja en su ojo pues ¿Es una cosa buena o es una cosa mala, la que tiene en su ojo? porque cuando tienes paja en tu ojo pues, quieres que se quite ¿Cierto? Sin embargo cuando hay una viga en el ojo de quien está corrigiendo, reprendiendo, exhortando y todo lo demás de una falla más grande. Especialmente cuando tiene que ver con el mismo pecado, pierde todo su derecho de señalar, y reprender y además a veces la viga es el orgullo espiritual. Yo he conocido movimientos de “perfectos” de personas que creen en la perfección en santidad. Y juzgan y condenan y critican más que nadie. Y eso es muy feo ¡y lo peor es que piensan que no pecan! es decir caídos totalmente en el pecado que hemos visto en Mateo 7 del cual nuestro Señor nos advirtió.

En Mateo 7 nos está hablando obviamente de los fariseos que estaban juzgando con juicios severos y estrictos cuando tenían vigas en sus propios ojos. Porque ¿Qué hace la carnalidad del orgullo espiritual,? es muy estricto en sus juicios de los demás y es muy misericordioso en juzgarse así mismo. Y ¿Qué hace la piedad genuina? hace que nos consideremos a nosotros mismos para que no caigamos, hace que seamos estrictos con nosotros mismos, hace que nos acerquemos a la presencia de Dios en oración diciéndole, Señor examíname, con tu luz en mi vida, expón mi pecado, no quiero pecar contra ti, escudriñame Señor, para ver si no hay cosa mala en mi, para que los sepa, para que me pueda arrepentir, y Señor perdona a Israel que ha caído en idolatría, que ha adorado el becerro de oro que, oh Señor borra mi nombre de tu libro pero ten misericordia de ellos. Que fue lo que hizo Moisés, misericordioso con los demás y más estricto consigo mismo. Eso es lo que hace la santidad verdadera, la santidad verdadera no es orgullosa, la santidad verdadera es humilde.

El orgullo espiritual también (otra característica aquí) da lugar a contiendas entre hermanos. Siempre resulta en contiendas cuando se manifiesta. Pero la humildad hace lo contrario, la humildad reconcilia a los hermanos, da unidad a los hermanos, edifica a los hermanos. Y no me refiero a iglesias falsas y los que no son del Señor. Obviamente el Señor vino a la tierra para traer una espada entre los que son cristianos y los que no lo son, pero me refiero a hermanos verdaderos en el Señor. Cuando hay un hermano que siempre le gusta contender, que siempre a él le gusta debatir sobre cada cosa, que siempre piensa que tiene razón y jamás considera el consejo sabio de otros hermanos piadosos, puedes estar seguro de que anda en orgullo espiritual.

Cuando es pronto para hablar y tardo para oír, Proverbios 13:10 dice: “Ciertamente la soberbia concebirá contienda; Mas con los avisados está la sabiduría”. Es decir que la soberbia resultará en contienda, en discusiones en debates, en divisiones. Cuando hay personas que siempre tienen que debatir y buscar debates y siempre tener razón es entonces que el orgullo está obrando, y dice “más con los avisados está la sabiduría”. Los avisados son los que reciben los consejos, los avisados son los que se someten a la sabiduría de Dios, que habla por consejo de otros hermanos en Cristo.

Ahora en Gálatas 5, el apóstol aquí habla (y esto tiene un contexto), a las iglesias de Galacia que por el legalismo estaban cayendo en el orgullo espiritual de manera terrible. Y nos dice en Gálatas 5: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14), eso es la verdadera obediencia a Dios, amar a los demás. Y continua diciendo: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gálatas 5:15). Esto es criticar y criticar y señalar a los demás, reprender unos a otros constantemente. Y dice que miremos y que tengamos cuidado de que no se destruyan, y continúa diciendo: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías…”

Hasta aquí habla de pecado sexual y de pecado religioso, pero luego los siguientes pecados que menciona aquí son pecados que tienen que ver con el orgullo espiritual. Y sigue diciendo: “enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, (que quiere decir divisiones, en este caso divisiones doctrinales) envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:16-21). ¿Todo lo anterior que es? cuando uno está señalando y criticando, no se juzga así mismo pero juzga fuertemente a los demás, da lugar a esas cosas. Dice el apóstol que son obras de la carne, dice el apóstol que los que practican esas cosas no irán al cielo, ¡El pecado no es justo, no es santo! es pecado.

Samuel Logan Brengle un predicador que ya está con el Señor, y tengo una cita de él que es un poco larga y nos dice:

“Es natural que a la mente puesta en la carne le moleste la oposición, pero debemos tener la mente puesta en el Espíritu. Por naturaleza somos orgullosos en nosotros mismos y vanidosos en nuestras opiniones y estamos listos para resistir tenazmente a cualquiera que se oponga a nosotros o a nuestros principios. Nuestro objetivo es vencer a la persona de inmediato, por medio de la fuerza del argumento o por la fuerza de las armas pero de alguna manera vencerlo. Somos impacientes con la contradicción y prontos para juzgar los motivos de los hombres y condenar a todo aquel que no esté de acuerdo con nosotros y luego somos propensos a llamar nuestra prisa e impaciencia, “celo para la verdad” cuando de hecho a menudo es un celo impetuoso desagradable e irrazonable por nuestra propia manera de pensar, me siento ampliamente inclinado a creer que este es uno de los últimos frutos de la mente carnal que la gracia llega a vencer.  Pero que nosotros que hemos llegado a ser participantes de la gracia divina, nos aseguremos que esta raíz de la naturaleza carnal sea totalmente destruida, cuando los hombres se opongan a nosotros a discutir, no discutamos, ni condenemos sino que amorosamente les instruyamos, no con un aire de sabiduría superior y santidad superior, sino con mansedumbre solemnemente recordando  que el siervo del Señor no debe ser contencioso sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Yo encuentro que a menudo después de haber presentado mi punto de vista completa y tranquilamente a la persona que se está oponiendo a la verdad como la veo yo, soy tentado fuertemente a esforzarme en tener la última palabra, pero también encuentro que Dios me bendice más cuando ahí encomiendo el asunto en sus manos y al hacerlo muy frecuentemente venzo a mi adversario. Yo creo que este es el camino de la fe y el camino de la mansedumbre. Aunque aparentemente nos deje derrotados, nosotros generalmente ganamos a nuestro rival al final. Y si tenemos la verdadera mansedumbre nos regocijaremos más sobre  haberles ganado a un conocimiento de la verdad que sobre haber ganado el argumento”

Hay mucha sabiduría en esas palabras por eso Efesios 4:1-3 dice: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. La humildad es clave aquí. Ahora el orgullo espiritual hace esas cosas, ciertamente en un tiempo u otro en nuestra vida cristiana hemos caído en tendencias de ser orgullosos espiritualmente en este sentido, ¿Pero cómo lo podemos vencer? Si estamos cayendo en eso, cómo podemos combatirlo? ¿Cómo podemos derrotarlo? ¿Cómo podemos andar en humildad? ¿Cómo podemos andar en victoria delante del Señor?

El Remedio para el Orgullo Espiritual

No solo quiero señalar el pecado, sin dar el remedio. Hay varias cosas aquí, y esto es lo más grande, hay algo que aplasta el orgullo, hay algo que destruye el orgullo humano, y eso es la grandeza y la gloria de Dios. Cuando leemos el libro de Job por ejemplo claramente vemos a Job que se estaba quejando. Ahora no pecó por negar al Señor ni por blasfemar al Señor, pero se quejó. Se quejaba a través de todo el libro y pensaba que no era justo lo que estaba sufriendo. Y pasa todo el libro hablando de su justicia, hablando de sus buenas obras, hablando de cómo no había pecado. Estaba siendo orgulloso. ¿Y qué pasa al final del libro?

Dice en Job 40: “Además respondió Jehová a Job, y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto. Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (Job 40:1-4). “Yo soy vil”, esa fue su respuesta y esa debió haber sido su respuesta desde el capítulo 3 cuando empezó. Pero Dios tuvo que mostrarse y manifestar la grandeza de su poder, de su gloria de su sabiduría, de sus atributos y a esa exhibición gloriosa de esa manifestación de Dios, Job dijo, yo soy vil y luego dijo en 42:5: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). La revelación de Dios “Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:6).

Juan Calvino dijo:
“Por otra parte es cosa evidente que el hombre nunca jamás llega al conocimiento de sí mismo si primero no contempla el rostro de Dios y después de haberlo contemplado, desciende a considerarse a sí mismo, porque estando arraigado en nosotros el orgullo y la soberbia, siempre nos tenemos por buenos, por justos, por sabios y santos a no sér que con manifiestas pruebas seamos convencidos de nuestra injusticia fealdad, locura y suciedad, pero no nos convencemos si solamente nos consideramos a nosotros y no a Dios el cual es la sola regla con la que se debe ordenar y regular este juicio”.

Hay más teología en ese pequeño párrafo de Calvino que algunos libros enteros de teología sistemática. Está en nosotros el orgullo por naturaleza, nos pensamos justos por naturaleza y no nos damos cuenta hasta que tengamos esa revelación de la gloria de Dios. Si quieres andar en humildad genuina medita en Dios, medita en los atributos de Dios, estudia la grandeza de Dios, la soberanía de Dios, el amor de Dios, la Santidad de Dios, la majestad del Todopoderoso. Y no puedes estar realmente meditando y entendiendo estas cosas sin ser aplastado con un sentir profundo de tu miseria.

Otra cosa es entender precisamente eso, la soberanía de Dios, algunos usan las doctrinas de la gracia como una bandera, como para proclamar guerra contra otros cristianos. Y en un sentido si debemos contender por la verdad, sí debemos hablar de la verdad y predicar la verdad con toda la convicción que el Espíritu de Dios quema en nuestros corazones, pero a la vez si hay una doctrina que debe humillar nuestro orgullo que cualquier otra doctrina es precisamente la soberanía de Dios.

Otra cosa es vivir de acuerdo a la revelación de la cruz de Cristo, Pablo dijo “Pero lejos esté de mi gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” ¿En qué se gloriaba? En la cruz, ¿Qué es la cruz? Muerte, sufrimiento, negación. Si uno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo y tome su cruz y sigame” ¿Qué quiere decir eso? es la humildad. Es decirle cada día al Señor: —”Yo niego mi voluntad, me niego a mí mismo, niego lo que yo quiero, niego mis placeres, niego mis deleites a fin de servirte a ti, a fin de glorificarte a ti, no mi voluntad sino la tuya”. Esa es la humildad. Eso es vivir cuando estas mirando a la cruz de Cristo y vez al Señor de gloria sangrando en la cruz, sufriendo en la cruz con la corona de espinos, con la ira de Dios, con todo lo que Él sufrió en la cruz, cubierto de sangre totalmente el Señor de gloria el Rey de los siglos, el Rey de los cielos, la Majestad de la altura. Y lo vez a Él sufriendo así, humillado así, que se humilló hasta lo sumo, entonces dices: —”Yo no soy mejor que Él, Él es mi Señor, Él es mi Dios. Si eso le sucedió a Él y si Él sufrió esa humillación, entonces cómo debo humillarme a mí mismo” Esto, bajo su mano poderosa, bajo ese ejemplo, es entender que no somos nada, que el Señor es sabio, que el Señor es justo, que el Señor lo es todo y nosotros somos por naturaleza totalmente lo contrario.

Otra cosa que mata y destruye el orgullo espiritual, es realmente tener comunión con Dios en el lugar secreto, en el aposento secreto. Uno puede poner en exhibición su piedad, incluso en la reunión de oración en la iglesia. Pero no puede hacerlo en su aposento secreto donde está a solas con Dios. Ahí la elocuencia, ahí todo lo demás no tiene lugar, ¿Cuánto tiempo pasamos orando en verdad? ¿Tenemos eso, de pasar diariamente con Dios en su presencia humillados diciendo: Dios muéstrame mi pecado, muéstrame mi necedad Señor, muéstrame en que fallo, Señor enséñame lo que está en mi corazón para que lo pueda corregir y pueda andar en santidad, para que tu sangre me pueda limpiar y santificar y el poder de tu Espíritu? Esto es necesario hermanos, pasar tiempo en la presencia de Dios orando esto para que pasen esos tiempos más gloriosos que podemos tener en la presencia del Señor y esto es precisamente cuando el Señor parte la cortina del lugar santísimo y a la luz de Su santidad penetra nuestros corazones y expone nuestro pecado delante de nosotros, nos quebranta, nos aplasta y confiesas tu pecado y te humillas delante del Señor. Y él derrama un sentir de limpieza, un sentir de gozo, de paz, de gracia y de una revelación de nuevo de la grandeza de la gracia de la cruz de Cristo, pero tenemos que estudiar nuestros corazones para que no nos engañemos.

El puritano Tomas Brooks dijo que hay tres cosas que debemos estudiar bien, y él dijo que; Primero es estudiar quién es Cristo, Segundo estudiar la Biblia, Tercero nuestros propios corazones para que no nos engañemos. Jonathan Edwards al final de cada día examinaba todas las acciones que había hecho durante el día y en oración y meditación sobre la Palabra orando al Señor que expusiera su corazón, examinaba los motivos por los cuales había hecho cada cosa durante el día. Especialmente los pecados, él dijo que cuando pecamos siempre hay una raíz, siempre hay un motivo, siempre hay algo más profundo que la mera manifestación externa del pecado y es esa raíz que tenemos que atacar en la presencia de Dios humillándonos y confesándolo. Y si vamos a reconocerlo tenemos que estudiar nuestros corazones.

Otra cosa es abrazar el propósito de Dios en las pruebas, en las tribulaciones y las aflicciones, y dejar de que Dios obre en nosotros por medio de esas cosas. ¿Para qué el Señor le dio a Pablo el aguijón en la carne? ¿Para qué? Para humillarlo, para mantenerlo humilde, Pablo por la abundancia de sus revelaciones, el Señor sabía que era un ser humano que podía envanecerse y el Señor le dio ese aguijón, para afligirlo. Y así hace el Señor con tribulaciones, cuando te llega la vara de la disciplina del Señor, cuando te llegan las tribulaciones, cuando te llegan pruebas humíllate delante del Señor y di: ” Señor yo sé que quieres enseñarme, me humillo”.

Conclusión

Y la última cosa que voy a mencionar aquí, si todo lo demás no sirve, es decir la grandeza de la revelación de la grandeza de Dios, de reconocer tu dependencia de él , pasar tiempo en el aposento secreto y abrazar el propósito de Dios en las tribulaciones y todo lo demás y todo lo que el Señor hace para humillarnos no sirve y no funciona, entonces el Señor tiene un último recurso en sus armas poderosas que usa para destruir nuestro orgullo. Y hablo a los hijos de Dios, si nada de eso sirve, entonces el Señor tendrá que hacer con nosotros lo que hizo con Pedro, entregarnos a tentaciones fuertísimas, dejar que el diablo los tiente, dejar que tengamos tentaciones tan intensas que el Señor se aleja, nos entrega a la tentación para que caigamos y a veces es feísimo.

Quiero demostrarlo bíblicamente vayamos a Mateo 26: “Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo” (Mateo 26:31-35).

“Aunque tenga que morir” yo no voy a pecar, yo no te voy a negar, estoy fuerte”Se creía más de lo que era, es ¡Orgullo! y en este caso es orgullo espiritual, orgullo en su piedad, orgullo en su amor por el Señor, que tenía más amor por el Señor que todos los demás. Amor por el cual estaba dispuesto a morir por Cristo y luego en Juan 21, leemos que después de que negó al Señor tres veces y después de la resurrección del Señor, vemos en el versículo 15: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? (pues decía antes Pedro que le amaba más) Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos, Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

¿Por qué no dijo apacienta mis ovejas antes? Le dio la comisión aquí, Pedro no estaba listo, tenia demasiado orgullo, el Señor le había dado enseñanzas y parábolas, y reprensiones y exhortaciones a humillarse juntamente con nosotros y aquí vemos a Pedro lleno de orgullo. Entonces el Señor le entrega a las tentaciones del diablo para que caiga en uno de los pecados más feos que se puede cometer y ese es negar al Señor para quebrantarlo, para aplastarlo, para despojarlo de toda confianza en la carne para que se humillara delante del Señor. Para que reconociera su dependencia total de la gracia del Señor, para que reconociera que Pedro no era nada, sino que el Señor lo era todo y así lo pudo usar después, y así el Señor lo pudo tener en el ministerio  de apóstol como predicador del evangelio.

El Señor lo tuvo que quebrantar, por eso la confesión de fe Westminster dice: “El todo sabio justo y benigno Dios a menudo deja a sus hijos en las tentaciones multiformes y en la corrupción de sus propios corazones a fin de disciplinarlos de sus pecados anteriores y para descubrir la fuerza oculta de la corrupción y el doblez de sus corazones para que sean humildes” Si has orado, y has luchado, y luchado, y luchado con la misma tentación y oras, y ayunas, y clamas al Señor, y aún no tiene victoria, pero sabes que eres hijo de Dios, y tienes victoria sobre el pecado por la gracia de Dios pero tienes esta tentación fuertísima y no puedes vencerla. Quizá sea porque si el Señor te diera la victoria te llenarías de orgullo pensando que eres mejor de lo que eres. Quizás el Señor permite que sigas siendo tentado con lo mismo para que te quedes ahí en tu rostro delante del Señor llorando y clamándole que te de la victoria, dependiendo de Él. Porque si te diera la victoria, quizás te levantarías a ti mismo y no orarías tanto, y no lo buscarías tanto, y tendrías más orgullo. El Señor es sabio, confiemos en Él.

Amén.

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Josef Urban
Josef Urban
Josef es parte del equipo de Cristianismo Bíblico, misionero sirviendo en México y un pastor en la Iglesia del Centro en Guadalajara, Jalisco. Además es el fundador de la Academia de Estudios Bíblicos y Teológicos, donde enseña cursos de Teología Exegética y Sistemática. Lo puedes seguir en Facebook y Twitter.