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                    Seguros por el Poder de Cristo - ¡Para Siempre! 10/03/2011
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                    1 Juan 5:18 dice que Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. ¿Quién es "Aquel" que nos guarda? ¿Cómo es que nos guarda? ¿Qué quiere decir que el maligno no le toca? En esta predicación, Josef responde a estas preguntas y más. Tristemente, muchos, por negar la seguridad que el creyente verdadero tiene en Cristo, ha llegado a afirmar una salvación basado en sus propias obras. Muchos creen básicamente que Cristo nos salva pero despues de eso nosotros tenemos que mantener nuestra salvación. Aunque es verdad que tenemos que perseverar en esta vida y que la vida cristiana es una batalla, también es verdad que la salvación verdadera es eternamente seguro en Cristo. ¡La salvación es totalmente por gracia!


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                    PREDICACIONES EN 1 JUAN - CONFIANZA Y PODER EN ORACION 06/28/2011
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                    Ya hemos resumido nuestra exposición de la Primera epístola del apóstol Juan (1 Juan). Vamos a estar agregando los sermones cada semana despues de que sean predicadas. Puedes escuchar y descargar las enseñanzas así: Ve al enlace "Predicaciones" arriba, haz click en "predicaciones de Josef Urban", luego haz click en "1 Juan", y luego en el capítulo que quieres. Las predicaciones más actuales siempre serán las ultimos en la página (Josef está predicando a través del ilbro en orden.) Ahorita estamos al fin del capítulo 3.

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                    Nueva Predicación (AUDIO):
                    Guardar Sus Mandamientos nos Da Confianza en Oración. (1 Juan 3:21-24)

                    Este mensaje se basa en 1 Juan 3:21-24 y habla de como es que guardar los mandamientos de Dios nos da una consciencia limpia, confianza en oración, y confianza que Dios está con nosotros. Aunque la salvación no es por las obras, la Biblia enseña que la obendiencia es el fruto de la salvación y que nadie puede gozarse de la presencia de Dios y de comunión con Dios a menos que obedezca sus mandamientos.

                    Para descargar el audio en MP3, haz click aquí.

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                    LAS DOCTRINAS DE LA GRACIA EN EL EVANGELIO DE JUAN 06/18/2011
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                    Picture
                    por R. Bruce Steward
                    (Haz click arriba para descargar el artículo.)

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                    ¿ES TU DIOS EL DIOS DE LA BIBLIA O UN DIOS DE TU PROPIA IMAGINACION? 05/21/2011
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                    El Dios de la Biblia merece ser temido, está lleno de ira, ejecuta su venganza sobre los que no quieren arrepentirse, y lanza a las pecadores al infierno por toda la eternidad. Y Él hace todo esto para Su propia gloria. Éste es el Dios que Jesús predicó como Su Padre. ¿Es TU Dios el Dios de la Biblia o un dios de tu propia imaginación?

                    Lucas 12:5 - Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.
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                    LA PROPICIACION: SATISFACIENDO LA IRA JUSTA DE DIOS 05/17/2011
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                    Picture
                    ¡Nuevo artículo! En esta enseñanza bíblica, vemos lo que significa la palabra "propiciación" en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Respondemos a las preguntas: 

                    1. ¿Es verdad que Jesús llevó la ira de Dios en la cruz?
                    2. ¿Cómo es posible que Dios perdona al pecador?
                    3. ¿Hay ejemplos bíblicos de la ira de Dios siendo revelada y alguien apaciguandola?
                    Y más...

                    La verdad presentada en este artículo es un fundamento del evangelio. Si no entendemos la propiciación, no entendremos el evangelio mismo. Haz click en la foto arriba para leer la enseñanza.

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                    Video Nuevo: Esfuerzate a Entrar por la Puerta Estrecha 03/31/2011
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                    Predicación sobre Lucas 13:23-24

                    Lucas 13:23-24  Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:  24  Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

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                    Las Crónicas de las Sectas: Los Pentacostales Unicitarios y la Trinidad 02/28/2011
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                    - Aaron Block

                    El pentecostalismo unicitario (no se debe confundir con el pentecostalismo evangelico) es muy frecuente en esta ciudad, aunque aquí se conocen como los apostólicos. El movimiento pentecostal unicitario abraza la herejía antigua del modalismo—es decir, una negación de la doctrina bíblica de la Trinidad. El modalismo mantiene que Dios no es tres Personas distintas en un Dios, sino una persona manifestada en tres diferentes modos a través de la historia. En el Antiguo Testamento Dios se manifestaba como el Padre; en la encarnación se manifestó como el Hijo; y después de la ascensión de Cristo Dios se manifestó como el Espíritu Santo. Pero el Padre, Hijo y Espíritu Santo nunca existieron simultáneamente. En otras palabras, Dios, siendo solo una persona, simplemente se puso diferentes mascaras a través de la historia. Esta herejía se originó en el tercer siglo A.D. y, tristemente, ha continuado hasta hoy en día.

                    La herejía modalista es tan absurda que una sencilla lectura del Nuevo Testamento revelará su error. Hay una multitud de pasajes que fácilmente refutan esta falsa enseñanza, como:

                    - Juan 1:1, que declara que el Verbo estaba con Dios y era Dios a la vez. Algunos pentecostales unicitarios afirman que este Verbo era solo una idea o pensamiento que existía en la mente del Padre. Sin embargo, el verbo estaba con Dios desde el principio (Juan 1:2), creó todas las cosas (Juan 1:3), era la vida y luz misma (Juan 1:4-5, 9), y se hizo carne y vino a su propia creación (Juan 1:10-14). Lejos de ser solo una “idea”, este pasaje claramente describe a Jesucristo como una Persona, existiendo por toda la eternidad con el Padre, otra Persona. Y no puedes estar con una persona y ser la misma persona a la vez. La explicación clara y lógica es que Jesús estaba con Dios y era Dios simultáneamente porque hay tres Personas que componen la Deidad.

                    -Colosenses 1:16-17, 1 Corintios 8:6 y Hebreos 1:2–10, que también dejan en claro que Jesús el Hijo creó el universo. Estos versículos son sumamente difíciles para los pentecostales unicitarios.

                    -Juan 17, Mateo 11:25, Lucas 5:16, etc., en que Cristo ora al Padre. Si Dios es solo una Persona entonces hay una gran inconsistencia en las Escrituras, ¿Pues a quién estaría orando Jesús? Para eludir este problema, los pentecostales unicitarios dicen que la humanidad de Jesús estaba orando a Su propia naturaleza divina. Aunque negarán creerlo, esencialmente están diciendo que Jesús estaba orando con Sí mismo. Sin embargo, vemos en las Escrituras que Cristo tenía una voluntad distinta a la del Padre. Esto es evidente especialmente cuando en el Huerto de Getsemaní ora: “no sea como Yo quiero, sino como Tú” (Mat.26:39; véase también: Marcos 14:36, Luc.22:42). Dichos pasajes sin duda hablan de dos Personas con dos voluntades.

                    Además, si Dios solo es una Persona y Jesús estaba orando al Padre, entonces dos modos de Dios estaban manifestados al mismo tiempo, lo cual es imposible según los modalistas. Esta es una contradicción flagrante en su teología.  

                    -Mateo 3:16-17, Juan 12:28-30, Mateo 17:5, etc., que más aun reafirman el argumento de arriba, ya que el Padre en estos pasajes habla al Hijo. Nuevamente, que hay dos Personas aquí es muy claro. Mateo 3:16-17 es especialmente bueno porque nos muestra los tres miembros de la Trinidad juntos al mismo tiempo.

                    Recursos recomandados para estudiar el tema más profundamente:

                    La Santa Trinidad: Un Dios en Tres Personas


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                    Las Crónicas de las Sectas - El Aniquilacionismo 02/28/2011
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                    El Infierno
                    -Aaron Block

                    Hoy en día hay muchas sectas que niegan la doctrina de la eternidad del infierno. Algunos de estos grupos (como los Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo Día) en cambio creen que Dios simplemente aniquilará a los no han vuelto de sus pecados.

                    Sin embargo, las Escrituras describen el infierno como un lugar de tormento consciente, donde los pecadores sufrirán “castigo eterno” (Mat.25:46), siendo “atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apoc.20:10). El infierno es un lugar de “eterna perdición” y exclusión “de la presencia del Señor” (2 Tes.1:9), “fuego que nunca se apagará” (Mat.3:12; Mar.9:43), un lugar de “la oscuridad de las tinieblas” (Jud.13) donde habrá llanto y crujir de dientes (Luc.13:28). 

                    Para mayor información sobre la evidencia bíblica de un infierno eterno, por favor anda a:

                    Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana: El Infierno
                    http://www.miapic.com/el-infierno


                    Una objeción común de los que niegan la eternidad del infierno—o incluso la existencia de un lugar de un lugar llamado el infierno—es que no parece lógico o justo que Dios castigaría a los pecadores por toda la eternidad por haber pecado contra Él en el tiempo. ¿Si hemos cometido un número finito de pecados—ellos preguntan—como entonces podemos merecer un castigo infinito?

                    La respuesta, de nuevo, se encuentra en las Escrituras. Dios es santo (Isa.6:3) y perfectamente justo y recto (Sal.7:11), y por lo tanto no puede mirar el pecado (Hab.1:13). De hecho, la Biblia dice que Él aborrece a los que practican iniquidad (Sal.5:5). Él es un Dios eterno (Isa.40:28) e infinito en poder y fuerza (Job 37:23; 1 Tim.6:15-16). Nosotros hemos pecado contra este Dios infinito, eterno y omnipotente, y por lo tanto merecemos un castigo eterno por nuestros pecados.

                    Vea, no es la cantidad, sino la calidad de un crimen que determina el grado del castigo de un criminal. Y la calidad del crimen es determinada por la calidad de contra quien cometemos el crimen. 

                    Esto se puede ver en nuestro propio sistema de justicia penal. Si piso una hormiga, no es probable que tenga que enfrentar ningunas consecuencias legales. Sin embargo, si mato a un gato domestico por ninguna razón, puedo ser demandado por el dueño del animal, y aun enjuiciado por crueldad animal. Y si quito la vida de un ser humano sin justa razón, ciertamente recibiré la cadena perpetua y/o la pena de muerta. Cuanto mayor sea el valor de un individuo, mayor será el crimen contra él y más severo será el castigo.

                    Y la verdad es que nosotros, pecadores totalmente depravados y malvados como somos, hemos ofendido a un Dios que es infinito en gloria y pureza, e infinito en valor. Nos hemos atrevido a levantar los puños hacia el cielo y rebelarnos contra nuestro propio Señor y Rey. Nos hemos atrevido a maldecir y blasfemar a este Creador Todopoderoso, y pronunciar a nosotros mismos como señores y dioses de nuestras propias vidas. Si no hemos hecho estas cosas directa abiertamente, lo hacemos indirectamente cada vez que escogemos a pecar voluntariamente. Como los puritanos declaraban con toda razón, ¡el pecado es locura total! ¿Cómo podemos aun pensar en rebelarnos contra este gran y terrible Dios?

                    Pero el pecado más grande de todos, el que absolutamente sellará nuestra condenación en el infierno por toda la eternidad, es menospreciar la bondad y misericordia de Dios demostrada en la cruz del Calvario…el rechazar el la única esperanza que los pecadores tienen para la salvación, el menospreciar el sacrificio glorioso de Cristo en la cruz y pisotear Su preciosa sangre, teniendo por inmundo el acto más grande de amor que el mundo jamás ha visto. Jesús, el Rey de Reyes y Señor de Señores, murió en una cruz llevando el castigo de Su pueblo. Después resucitó de entre los muertos y una vez por todas derrotó todo el poder del pecado, de la muerte y del infierno. Por toda la eternidad, todos aquellos que se arrepintieron y creyeron en Su nombre cantarán: “¡El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza!” (Apo.5:12). Realmente es locura rechazar a un Salvador tan infinitamente digno que nos ofrece la vida, y aun estaba dispuesto a venir a este mundo y morir en una cruz para salvarnos de la ira de Dios que justamente merecíamos.

                    “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y tenga por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado y ofenda al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: ‘Mía es la venganza, yo daré el pago’, dice el Señor. Y otra vez: ‘El Señor juzgará a su pueblo’. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” -Hebreos 10:29-31

                    El caso está cerrado, pienso yo. Pero solo terminaré con una observación final. Los fuegos del infierno son para tormento, y no para purificación. Los fuegos eternos nunca podrán limpiar a un hombre de sus pecados; solo la sangre de Cristo tiene poder de quitar y lavar nuestra maldad, y solo el Espíritu Santo puede regenerar nuestros corazones para que lo podamos amar. Por lo tanto, todos los que mueren en sus pecados aun serán viles y abominables e impenitentes y aborrecedores de Dios en el infierno. (Leer Apocalipsis 9:20 y 16:8-11. Aún después de experimentar la misma ira y juicios de Dios, ellos no se arrepintieron de sus obras malas ni le dieron la gloria; continuaron maldiciendo y blasfemando a Dios).

                    Y peor aún, la gracia común de Dios será quitada de ellos, eliminando del ser de ellos cualquier y toda apariencia externa de bondad y hermosura. Entonces todos los santos y ángeles y criaturas creadas para la gloria de Dios verán a estos rebeldes como verdaderamente son—monstruos de iniquidad totalmente horrendos y grotescos. Como dijo un predicador, el día en que sean arrojados al infierno, toda la creación se regocijará y cantará porque el Seño por fin los ha quitado de este mundo.

                    Los pecadores en el infierno seguirán aborreciendo a Dios, y seguirán recibiendo el castigo justo que merecen—por toda la eternidad. 

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                    ¿Cual es la Diferencia entre Practicar el Pecado y Caer en el Pecado? 02/19/2011
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                    1 Juan 3:9 dice que los que practican el pecado no han nacido de Dios. Sin embargo, a veces los creyentes caen en el pecado, muchas veces contra su propia voluntad. ¿Como podemos distinguir la diferencia entre practicar el pecado siendo hijos del diablo o cayendo en el pecado siendo hijos de Dios? 

                    Esta enseñanza es de la Iglesia del Centro -Guadalajara por Josef Urban.

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                    Los Dones del Espíritu Santo en la Historia de la Iglesia 02/14/2011
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                    por Sam Storms
                    Fuente del artículo (inglés)

                    A menudo surge esta pregunta: “Si los supuestos milagros o dones de señal del Espíritu Santo son validos para los cristianos después de la muerte de los apóstoles, ¿Por qué estuvieron ausentes de la historia de la iglesia hasta su presunta aparición en el Siglo XX?” Mi respuesta es la siguiente:

                    1)         No estuvieron ausentes. Posiblemente fueron menos frecuentes, pero el argumentar que tales dones fueron totalmente inexistentes es ignorar un cuerpo significativo de evidencia. Después de estudiar la documentación de las afirmaciones de la presencia de estos dones, la conclusión de D.A. Carson es que “hay suficiente evidencia de que alguna clase de estos dones ‘carismáticos’ continuaron esporádicamente a través de los siglos de la historia de la iglesia, que es inútil insistir en términos doctrinarios que cada relato es espurio o el fruto de la actividad demoniaca o de una aberración psicológica” (Mostrando el Espíritu, p.166).

                    Aquí hay solo un poco de ejemplos (para mayor evidencia, leer el libro de Ronals Kydd, Los Dones Carismáticos en la Iglesia Temprana [Editoriales Hendriksen]).

                    Justino Mártir (A.D. 100-165) presumió a Trifo el judío “que los dones proféticos permanecen con nosotros” (Dialogo con Trifo, 82).

                    Ireneo (A.D. 120-200) también da testimonio de la presencia de los dones del Espíritu. Él escribe:  

                    ·      “Hemos oído de muchos de los hermanos que tienen presciencia del futuro, visiones y palabras proféticas; otros por la imposición de manos, sanan a los enfermos y recuperan la salud” (Contra las Herejías, 2:32,4).

                    ·      “Oímos de muchos miembros de la iglesia que tienen dones proféticos, y, por el Espíritu hablan todo tipo de lenguas, y traen a luz los pensamientos secretos de los hombres por su propio bien, y exponen los misterios de Dios” (Contra las Herejías, 5:6,1).

                    ·      “Es imposible enumerar las carismas que por todo el mundo la iglesia ha recibido de Dios” (Contra las Herejías, 2:32,4).

                    Eusebio mismo concluye que la carismata estaba todavía en operación hasta el tiempo en que Ireneo vivió (Historia Eclesiástica, 5:7,6).

                    Eusebio cita a Apolinario diciendo que “los dones proféticos deben continuar en la iglesia hasta la venida final, como el apóstol insiste” (EH, 5:16,7).

                    Epifanio, quizás el oponente más vocal de los montanistas, no los atacó porque ellos practicaban los dones del Espíritu. Es más, él declaró que “la carisma [de la profecía] no está inoperativa en la iglesia. Todo lo contrario…La iglesia santa de Dios da la bienvenida a estas mismas [carismas] que los montanistas, pero los de nosotros son verdaderas carismas, autenticadas para la iglesia por el Espíritu Santo.” (Panarion, 48).

                    Otro ejemplo digno de mención es de Agustín (354-430), que más temprano en su vida propugnaba el cesacionismo. Sin embargo, en sus escritos posteriores retractó su negación de la realidad perpetua de los dones milagrosos y cuidadosamente documentó no menos que 70 casos de la sanidad divina en su propia diócesis durante un período de dos años (ve su Ciudad de Dios, Libro XXII, cap. 8-10).

                    Véase especialmente los artículos de Richard Riss, "Lenguas y Otros Dones Milagrosos en el Siglo Segundo hasta el Decimonoveno" en Basileia, 1985.

                    2)         Puede sorprender a algunos el darse cuenta que tenemos un vasto conocimiento de solo una pequeña parte de lo que sucedió en la historia de la iglesia. Sería terriblemente presuntuoso concluir que los dones del Espíritu estuvieron ausentes de las vidas de personas de las cuales no sabemos casi nada.

                    Simplemente no sabemos qué estaba pasando en las miles de miles de iglesias y reuniones de casa de cristianos en los siglos pasados. No puedo decir con confianza que los creyentes regularmente oraban por los enfermos y los veían sanados más que tú podrás decir que no lo hacían. No puedes decir que nunca profetizaban para la edificación, exhortación y consolación (1 Cor.14:3) de la iglesia más que yo podría decir que si lo hacían. Ninguno de nosotros podrá decir con confianza alguna si innumerables cristianos por toda la tierra inhabitada oraban en lenguas en sus devociones privadas. Esas apenas son las cosas por la cuales esperaríamos documentación extensa. Debemos recordar que esto fue mucho antes que la imprenta o las ventajas de los medios de comunicación.  La ausencia de evidencia documentada para los dones espirituales en un tiempo cuando la evidencia documentada por la mayor parte de la vida de la iglesia era, en el mejor de los casos, escasa, no es un bueno motivo para concluir que tales dones no existían.  

                    3)         Si los dones eran esporádicos, puede haber una explicación aparte de la teoría de que fueron limitados al primer siglo. Debemos recordar que antes de la Reforma Protestante en el Siglo XVI el cristiano medio no tenía acceso a una Biblia en su propio idioma. La ignorancia bíblica imperaba. Ese no es el tipo de ambiente en que las personas estarían conscientes de los dones espirituales (sus nombres, naturaleza y función) y por ende no sería el tipo de ambiente en que esperaríamos que ellos buscaran y oraran por tales fenómenos o los reconocieran si se manifestarían. Si los dones fueron escasos, y otra vez, esto no lo podemos saber, puede ser un resultado tanto de la mucha ignorancia y el aletargamiento que eso engendra como de cualquier principio teológico que limita los dones a la vida de los apóstoles.

                    4)         Relacionado con este punto previo es el hecho de que Dios misericordiosamente nos bendice con lo que no merecemos y con lo que rehusamos, o somos incapaces de, reconocer. Estoy persuadido de que numerosas iglesias hoy en día que propugnan el cesacionismo experimentan estos dones pero los descartan como algo menos que una milagrosa manifestación del Espíritu Santo.

                    Por ejemplo, a una persona con el don de discernimiento de espíritus se le podría describir como “poseyendo una sensibilidad y perspicacia extraordinaria”. De una persona con el don de palabra de ciencia pueden decir que tiene “un profundo entendimiento de verdades espirituales”. De alguien que profetiza se le dice que “habló dando un aliento oportuno a las necesidades de la congregación”. De alguien que impone manos sobre los enfermos y con éxito ora por sanidad se le dice que Dios todavía contesta la oración pero los “dones de sanidad” ya no están en operación. A estas iglesias no los pillarían muertos clasificando tales fenómenos por los nombres dados a ellos en 1 Cor.12:7-10 porque ellos están comprometidos a la teoría de que tales fenómenos no existen.

                    Si esto sucede hoy en día (y sí lo sucede, así como en una iglesia donde yo ministraba por muchos años), hay toda razón para pensar que esto ha ocurrido repetidamente a lo largo del curso de la historia subsiguiente al primer siglo.

                    Consideremos un ejemplo hipotético. Supongamos que un hombre haya sido asignado a escribir la historia descriptiva de la vida de la iglesia en lo que ahora es el sur de Francia en, digamos, el año 845 A.D. ¿Cómo catalogaría lo que vería y oiría? Si fuera ignorante en cuanto a los dones espirituales, no siendo educado, o quizás un cesacionista muy educado, su relato no daría ninguna referencia a la profecía, sanidad, milagros, palabra de ciencia, etc. Tales fenómenos muy bien podrían existir, y aun florecer, pero serían identificados y explicados con otros términos por nuestro historiador hipotético.

                    Siglos después descubrimos su manuscrito. ¿Sería justo concluir por sus observaciones que ciertos dones espirituales cesaron después de la edad apostólica? ¡Por supuesto que no! Mi punto con esto es simplemente que en el pasado y en el presente el Espíritu Santo puede fortalecer el pueblo de Dios con dones para el ministerio que no reconozcan ni, por cualquier otra razón, los expliquen con otros términos que los de 1 Corintios 12:7-10. La ausencia de una referencia explícita a cierta carismata es, por lo tanto, una base débil para argumentar a favor de la retirada de ellas de la vida de la iglesia.

                    El ministerio de Carlos Spurgeon es un buen ejemplo. Lea cuidadosamente el siguiente relato tomado de su autobiografía:

                    “Mientras que predicaba en el salón, en una ocasión, yo señalé a un hombre en medio de la muchedumbre a propósito, y dije: ‘Hay un varón sentado ahí que es un zapatero; él deja su tienda abierta los domingos, y estuvo abierta la mañana del último día de reposo, tomó nueve peniques, y su ganancia fue cuatro peniques; ¡vendió su alma a Satanás por cuatro peniques!’ Un misionero de la ciudad, mientras que iba por sus rondas, se encontró con este hombre, y viendo que estaba leyendo uno de mis sermones, le preguntó: ‘¿Conoce usted al Sr. Spurgeon?’ ‘Si’, respondió el hombre. ‘Tengo cada razón para conocerlo, he ido a escucharlo; y, bajo su predicación, por la gracia de Dios soy una nueva criatura en Cristo Jesús. ¿Le contaré como sucedió? Fui al salón de música, y tomé mi asiento en el centro del lugar; el Sr. Spurgeon me miró como si me conociera, y en su sermón me señaló y contó a congregación que yo era un zapatero, y tenía mi tienda abierta los domingos; y sí lo hice, señor. No me hubiera preocupado eso; pero también dijo que tomé nueve peniques el domingo anterior, y hubo una ganancia de cuatro peniques; pero cómo él supo eso, no podía decir. Luego me di cuenta de que fue Dios quien había hablado a mi alma a través de él, entonces cerré mi tienda el siguiente domingo. Al principio tenía miedo de ir a oírlo de nuevo, no sea que le cuente a las personas más acerca de mí; pero después yo fui, y el Señor me encontró, y salvo a mi alma.’”

                    Spurgeon luego agrega este comentario:

                    “Recuerdo de hasta una docena de casos parecidos en que señalaba a una persona en el salón sin tener ni el menor conocimiento de esa persona, ni idea alguna de que lo que yo estaba diciendo era lo correcto, salvo que creía que estaba siendo movido por el Espíritu al decirlo; y tan sorprendente ha sido mi descripción, que las personas se han ido, y han dicho a sus amigos: ‘Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho; sin duda, él tiene que haber sido enviado por Dios a mi alma, sino no pudiera haberme descrito con tan precisión.’ Y no solo eso, pero he conocido muchos casos en que los pensamientos de los hombres han sido revelados desde el púlpito. A veces he visto a personas golpear con el codo a sus vecinos, porque recibieron un golpe preciso, y se les ha oído decir, cuando ya se estaban yendo, ‘El predicador nos dijo lo que habíamos dicho el uno al otro cuando entrabamos en la puerta’” (La Autobiografía de Carlos Spurgeon, [Curt & Jennings, 1899], Vol. II, pp.226-227).

                    ¿Qué debemos hacer con todo esto? Mi opinión es que este es un ejemplo perfecto y no poco común de lo que el apóstol Pablo describió en 1 Corintios 14:24-25. Spurgeon ejercitó el don de profecía. No lo llamó como tal, pero eso no cambia la realidad de lo que el Espíritu Santo cumplió a través de él. Si alguien fuera a examinar la teología y ministerio de Spurgeon, y los relatos documentados de ello por sus contemporáneos y por biógrafos subsecuentes, la mayoría de las personas concluirían, por la ausencia de una referencia explícita a la carismata milagrosa como la profecía y la palabra de ciencia, que tales dones han sido retirados de la vida de la iglesia. ¡Pero el testimonio de Spurgeon nos dice lo contrario!

                    5)         Si admitimos que ciertos dones espirituales eran menos frecuentes que otros en la historia de la iglesia, su ausencia muy bien puede deberse a la incredulidad, apostasía, y otros pecados que sirven solo para apagar y contristar al Espíritu Santo. Si Israel experimentó falta de poder por su rebeldía repetida, si Jesús mismo “no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos” (Maros 6:5), todo por la “incredulidad de ellos” (Marcos 6:6), entonces no debemos sorprendernos con la infrecuencia de lo milagroso en períodos de la historia de la iglesia marcados por ignorancia e inmoralidad personal.

                    ¡No es por ninguna razón que los historiadores se refieren a los aproximadamente 500 años de la vida de la iglesia, durante que los dones estuvieron supuestamente ausentes, como la “Edad de las Tinieblas”!

                    6)         El argumento que estamos considerando es este: si el Espíritu Santo quería que la iglesia experimentara los dones milagrosos, no estarían tan notablemente ausentes de la historia de la iglesia. Tomemos el argumento subyacente principal y apliquémoslo a algunos otros  temas.

                    Todos creemos que el Espíritu Santo es el maestro de la iglesia. Todos creemos que el Nuevo Testamento describe Su ministerio de alumbrar nuestros corazones e iluminar nuestras mentes a comprender las verdades de la Escritura (véase 1 Juan 2:20, 27).

                    Sin embargo, dentro de la primera generación después de la muerte de los apóstoles la doctrina de la justificación por fe estaba siendo atacada. La salvación por fe más obras pronto se convirtió en la doctrina estándar y no fue desafiada con existo hasta la firme postura de Martin Lutero en el siglo XVI. Mi pregunta, entonces, es la siguiente: Si Dios quiso que el Espíritu Santo siguiera enseñando e iluminando a los cristianos con respecto a verdades bíblicas vitales después de la muerte de los apóstoles, ¿por qué languideció la iglesia en ignorancia de esta verdad fundamental por casi 1.000 años?

                    Si Dios quiso que el Espíritu Santo ilumine las mentes de Su pueblo tocante a verdades bíblicas después de la muerte de los apóstoles, ¿Por qué languideció la iglesia en ignorancia de la doctrina del sacerdocio de los creyentes por casi 1.000 años? ¿Por qué los cristianos sufrieron de la ausencia de las bendiciones experienciales que esta verdad vital pudiera haber traído a la vida de la iglesia?

                    ¡Ustedes que creen en rapto pretribulacional de la iglesia también deben explicar la ausencia de esta verdad del conocimiento colectivo de la iglesia por casi 1.900 años!

                    Sin duda tu respuesta será que nada de esto comprueba que el Espíritu Santo cesó Su ministerio de enseñanza e iluminación. Nada de esto comprueba que Dios dejo de querer que Su pueblo entendieran tales principios doctrinales vitales. ¡Precisamente! Y la infrecuencia relativa o ausencia de ciertos dones espirituales durante el mismo período de la historia de la iglesia no prueba que Dios se opuso a su uso o que negó su validez para el resto del siglo presente.

                    Tanto la ignorancia teológica de ciertas verdades bíblicas como una pérdida de las bendiciones experienciales que los dones espirituales traen pueden, y deben, atribuirse a otros factores aparte de la sugerencia de que Dios previó a tal conocimiento y poder sólo para los creyentes de la iglesia temprana. 

                    7)         Por último, y más importante de todo, es el hecho de que lo que sí o no ha ocurrido en la historia de la iglesia es al final irrelevante a lo que nosotros debemos seguir, orar por, y esperar en la vida de nuestras iglesias hoy en día. El criterio final para decidir si Dios quiere dar ciertos dones espirituales a su pueblo hoy en día es la Palabra de Dios. Me horroriza y entristece continuamente el escuchar a las personas citar la supuesta ausencia de una experiencia particular de la vida de un santo admirado del pasado de la iglesia como una razón para dudar la validez actual de ella. Tanto como admiro a los gigantes de la Reforma y otros períodos en la historia de la iglesia, yo pretendo emular a los gigantes del Nuevo Testamento que escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo. Admiro a Juan Calvino, pero obedezco al apóstol Pablo.

                    En resumen, ni el fracaso ni el éxito de los cristianos en días pasados es el estándar final por el cual determinamos lo que Dios quiere para nosotros hoy. Podemos aprender de tanto los errores como los logros de ellos. Pero la única pregunta de relevancia final para nosotros en cuanto a este tema es: “¿Qué dice la Escritura?”

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